jueves, octubre 18, 2007


La chica. Un domingo después de varios años se volvió a sentar alli, en las mismas escaleras, esas que tantas veces había pisado, esas que habían sido testigos de cada verano de su vida durante toda su infancia y adolescencia. Ella cuenta... que cuando vas andando por la calle Isaac Peral, después de salir de la calle Prim si giras a la derecha, de repente sin que te de tiempo a girar la esquina una fuerte brisa te llena de olor a mar y sientes el frescor en tu rostro, empuja tu pelo contra el viento y alzas la mirada. El final de la calle que tienes ante ti termina en unas escaleras que desembocan en su mar más querido. Desde que nació y mientras vivió en la ciudad que la vió nacer, dia tras dia desde el 15 de junio hasta el 15 de septiembre, bajaba a aquella playa. Nunca fallaba a aquella cita con el mar y la arena. Y al volver años atrás se sienta en los mismos escalones que antaño la vieron subir, bajar y correr entre sonrisas de niñez. Y su mente retrocede... Recuerda como, por ejemplo, la Tata subía con su banquito en la mano para hacer descansitos, parece que pueda verla apoyada en la barandilla mirando hacia arriba mientras la esperaba desde lo alto de las escaleras, la Chica solía esperarla para subir a medio dia a comer, con la sombrilla en un hombro y la butaca de su querida Tata en la mano. La Tata llegaba hasta arriba y acababa la caminata maldiciendo aquellas escaleras, haciendo alusión a su avanzada edad, ... y la Chica mientras recordaba aquella situación que se repetía cada dia durante sus veranos, aquel domingo en la soledad de octubre entre el ruido de las olas del mar, la brisa marina y el silencio parece que pueda escuchar aun su voz "que me ahogo" decía cansada, "vamos brujita" asi era como salía llamarla y ambas retomaban su marcha hacia su casa de la calle Mina. En aquellas escaleras fue donde Chiqui le había pedido salir, lo recordó con una sonrisa, fue en el verano del 95, a pesar de que sentía como si aquello hubiera pasado hacia mil años, al volver a sentarse en el mismo sitio, sintió como si hubiera sido ayer... Tenía quince años, subía de la playa por esas escaleras, llevaba un pantalón vaquero que ella misma había cortado con unas tijeras con ayuda de su prima Inma un mes atrás y que habían dejado tan corto que casi se adivinaba el biquini de colores que vestía debajo aquella mañana de playa. Se sentaron en las escaleras, con la vista en el horizonte, nerviosos, ninguno se atrevía a mirarse directamente, aunque ella pensaba que no le hacía falta girar la cabeza porque podía ver los ojos de él en el mismo mar. Aquel moreno alto de profundos ojos azules llevaba tiempo detrás de ella, era muy guapo, gaditano. Bien sabía que si no le había hecho caso antes era sólo porque andaba cegada con otro... pero aquello lo dejó por perdido y Chiqui aquel dia de julio consiguió el si que tanto había pretendido. Por fin se miraron, se sonrieron, ya eran novios. Sentados sobre aquellos escalones frente al mar. La mayoría de los dias sus amigas y su prima iban a recogerla al número 4 de la Calle Mina, para bajar juntas a la playa. Desde aquellas escaleras buscaban la sombrilla de sus familias, miraban si la marea estaba baja o alta, si ese dia había olaso estaba el mar en calma. Cuando volvían de la playa muchas, muchas tardes les cogía la noche y subían a media luz esos escalones dejando atrás la más preciosa de las playas tras el atardecer. Su tio tambien había bajado con ella aquellas escaleras y al recordar le dió un vuelco el corazón. Rota era Él. Era su infancia, sus primeros 15 años de vida, todos sus veranos, toda sus alegrías. Y entonces recordó su último verano antes de dejarla sola. Estaba alli sobre la más blanca de las arenas, aquella arena que estaba contemplando sentada en esas escaleras. Lo recordó tambien como si hubiera pasado ayer... llevaba un bikini blanco y estaba muy morena, María Jesús, una de las mejores amigas de su tio, la vió desde lejos y se acercó a su sombrilla para darle un beso: - " Chica!!! qué guapa! qué grande estás! cuántos años tienes ya?" - " 17" Entonces María Jesús se dirigió hacia él que estaba justo a su lado y le dijo: " 17, 17 años hace que nos conocemos, en el bautizo de la Chica, cómo pasa el tiempo!" Y los tres sonrieron, su tio le echó el brazo por encima de su hombro con un gesto de cariño... Y ella ahora llora al recordar aquellos momentos que vivió sin saber que ya no volverían jamás a compartir su playa. Hemos corrido por esa arena, nos hemos bañado en esas aguas y hemos ido a aquel espigón con un cubo en una mano y una pala en la otra, mis primos, mi hermano tú y yo... tú y yo... y la Chica llora... y vuelve a llorar porque no dejará nunca de echarle de menos, porque no dejará nunca de llorarle. Entonces, el baby empezó a bajar esas escaleras, porque ya había hecho algunas fotos y "la Chica" llevaba sentada cinco minutos en esos escalones... cinco minutos que me habían hecho recordar mi vida entera. Foto: el domingo 7 de octubre en Rota, en esa escalera que va a mi playa, a mi mar, a todos los recuerdos de mi infancia, a mi vida...

miércoles, agosto 29, 2007


Yo no se si se me entiende cuando hablo...
que no quiero ser el centro de tu mundo, que no quiero nada más que lo que doy...
y si sigues haciendome llorar, si sigues haciendome sentir que aun hoy por hoy hay quien da de más...

Y quizá sólo sea un mal dia, o tal vez un verano demasiado largo.
Sólo se que aqui estoy dándolo todo y más, exprimiendo hasta mis propios cansados huesos.
Mi sueño, mi descanso, mi tiempo , mi vida, mi pasado , mi presente, mi futuro, mis ilusiones, mis emociones, mi corazón...
Abre los ojos para ver que sólo soy lo que doy.


Hoy soñé con un paseo de la mano por las calles de una ciudad.
Pero ni estabas tú ni yo, ni siquiera era Roma. Porque al despertar sólo vi unos pedazos rotos de ilusiones.

Hay pedacitos de sueños escondidos en todos los rincones de mi habitación.
Y cada vez que me haces llorar los recojo, junto a las ilusiones, las separo de entre mis lágrimas, y los coloco lejos, donde no se vean...
sólo los vuelvo a ver cuando voy para esconder más...
por eso cuando lloro sale el pasado y sale todo.
Sale por qué no me preguntaste ni a dónde iba ni con quien ni a q hora ni cuando volveré...
sale esa parte de ti que me descoloca.
Ese, si, ese que me hace creer que soy afortunada, que ni quiero una soga ni andar suelta, que no soy un perro, que sólo quiero que me hagas sentir como yo te hago sentir a ti.

Llamalo celos, llamalo posesión, llámalo egoismo ...


llámalo amor.


Porque es lo que siento hacia ti.